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Iñigo Romón Alonso

Servicio de Trasfusión. Hospital Universitario “Marqués de Valdecilla”. Santander

Nadie duda que los tiempos que vivimos son probablemente los más convulsos en los últimos 40 años. La crisis medioambiental; las guerras interminables, muchas veces olvidadas; las crisis migratorias… se cobran miles de vidas y su aparente falta de solución nos deja perplejos y desesperados. Y para que la esperanza quede aún más ahogada, en la vida política muchos países nos enfrentamos al auge de la extrema derecha, los nacionalismos intransigentes, y el auge de lo “iliberal” 1.

Podemos decir que los consensos políticos y de valores que pensábamos – quizás ingenuamente – que irreversiblemente sustentaban nuestra convivencia se encuentran amenazados. El ejemplo más claro es Trump, un ignorante que no respeta a las personas, ni la verdad, que gobierna para los grupos de poder económico antisistema y que sólo simpatiza con los matones políticos de cualquier hemisferio. Algunos analistas políticos ya consideran los EE. UU. una democracia fallida.

En España, además de las versiones propias de todas estas amenazas, nos enfrentamos a la crisis catalana, donde parece que no vamos a encontrar soluciones fáciles o rápidas a corto plazo.

La comunidad transfusional por supuesto no permanece ajena a esta situación. A nivel internacional, todavía es pronto para ver las consecuencias, pero podemos preverlas. El ambiente “hostil para los extranjeros” de la Sra. May en el Reino Unido está dificultando las visitas científicas, incluso encontrar o mantener un trabajo para las enfermeras o los médicos. Numerosas personas se encuentran bajo amenaza de deportación. El deterioro del NHS británico, el espejo donde nos mirábamos todos, es palpable. En EE. UU., el ambiente anti islámico creado por Trump impide las visitas formativas de los naturales de esos países, y los musulmanes que viven allí tienen miedo de salir y no volver.  Y no sólo musulmanes: los hispanos sufren un acoso especial por la policía de inmigración. Es triste que esos países, de quien tanto hemos aprendido, se vuelvan el ejemplo a evitar.

Debemos preguntarnos, como profesionales sanitarios cuál es el origen de todo esto. Cuáles son sus síntomas, las consecuencias y aplicar el tratamiento adecuado. Y elaborar anticuerpos que dificulten que estas situaciones, una vez corregidas o paliadas, vuelvan a repetirse.

No podemos olvidar que, entre nosotros, no hace tantos años, se hizo campaña electoral contra algunos compañeros por el gran defecto de trabajar de una región concreta. Se llegó a decir que “en la SETS había demasiada gente de tal región”. Increíble, y quizás no generalizado, pero cierto. No podemos intentar arrancarnos un brazo, lo mismo que un brazo no debiera intentar arrancarse del cuerpo. Por algo será que, por primera vez en años, Cataluña ha quedado por detrás de Madrid como destino favorito del MIR.

A pesar de todo, no debemos resignarnos. Como médicos y científicos, debemos hacer lo posible por que la rueda empiece a girar en sentido contrario. Nuestra práctica diaria debe reflejar los valores de la Europa de las personas, no de las fronteras y los intereses.

En primer lugar, debemos informarnos bien, no dejar que nos vendan cualquier mentira. Ni en la ciencia, ni en algo tan importante para la vida de la gente. Lamentablemente, la alineación actual de medios de comunicación ha creado el caldo de cultivo óptimo para el odio. Señalar la cadena Fox de EE.UU. que no nos compromete a nada, pero seguro que todos deberíamos tener fuentes más fiables de información. Es desesperante, cierto, pero también sabemos que sin datos veraces es imposible discutir, y sobre todo ayudar correctamente.

En segundo lugar, con esa información debemos hacer un diagnóstico acertado: ¿podemos aceptar de veras, que siempre sean las personas más débiles, más empobrecidas las culpables? ¿Podemos escuchar sin sonrojarnos las cosas que oímos? Si la respuesta es no, debemos identificar la fuente: el miedo, la intransigencia, los intereses ocultos… No olvidemos que el nazismo no habría llegado hasta donde llegó sin la cooperación de la industria alemana, acompañado por las donaciones de Henry Ford.

En tercer lugar, debemos actuar como personas y profesionales. Enviando una carta, un correo, o mensajes de redes sociales levantaremos la mano frente a quienes hacen mal o quienes no hacen nada. Mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, en muchos sitios, pueden conseguir cosas grandes.

Y ya pasados a la acción, debemos tender lazos de humanidad. Reforzar los espacios de cooperación científica entre nosotros, en todas las maneras posibles: talleres, foros, ensayos clínicos. Debemos reforzar el papel de las instituciones que nos vertebran: el foro de Directores, el Comité de Seguridad Transfusional, la propia SETS. Incluso, debemos fomentar el contacto e intercambio con otras sociedades científicas. La elaboración de documentos de consenso sobre temas comunes, la creación de registros de patologías, son formas magníficas no sólo de hacer ciencia, sino de crear lazos. El documento Sevilla2 es el referente insoslayable, pero no es el único. Está en marcha la creación de un Registro de Trasfusión a Domicilio en conjunto con la Sociedad de Hospitalización a Domicilio, para lo cual hemos creado un grupo de trabajo mixto, como previsoramente preveían los reglamentos de la SETS. Un grupo de compañeros nos estamos coordinando para crear un panel de indicadores de calidad comunes que sea explotable desde los programas informáticos que utilizamos. Pero estas iniciativas, pequeñas y particulares, debieran inspirar otras muchas.

En el plano práctico, debemos facilitar y potenciar todo lo posible el intercambio de productos sanguíneos entre nosotros, de modo que la solidaridad también dé paso a la integración de normas y estándares, y con ella una unión mucho mayor. Integrar de una vez por todas el fraccionamiento del plasma y avanzar en la obtención de otros productos. Compartir y comparar resultados entre nosotros. Facilitar y normalizar las visitas de los residentes entre Servicios o Centros de Trasfusión, de modo que el conocimiento y buenas prácticas se diseminen en nuestras instituciones.

Si los países hasta ahora modelos de integración y formación ya no quieren ejercer ese papel, deberemos asumirlo nosotros en lo posible. Nosotros por suerte, no cobramos a los visitantes. Mantengamos esa buena práctica. Facilitemos y posibilitemos cuanto esté en nuestra mano la formación de colegas de países africanos, asiáticos, sudamericanos. La SETS ya coopera de manera importante con otros países, y ejerce un cierto liderazgo en nuestra especialidad hacia América Latina. Deberíamos intentar por todos los medios avanzar hacia nuevas formas de asociación y cooperación. Hemos tenido ya congresos conjuntos con Latinoamérica, incluyendo a la lusofonía africana, con los que nos hemos enriquecido todos. Y, sobre todo, debemos abrirnos de manera sistemática a los países más empobrecidos, en especial africanos, cooperando en la formación de profesionales y en las ayudas materiales que podamos organizar. No para hacerles un favor por el que puedan comprobar nuestra superioridad, sino porque hay más recompensa en dar que en recibir. Porque nuestros valores son esos, y así queremos trabajar. Porque lo que nos une es mucho más fuerte que lo que nos puede separar.

Es cierto que el mundo se enfrenta a una etapa muy oscura. Pero también lo es que no podemos quedarnos sin hacer nada. Por emplear un símil transfusional, si hay un momento en el que se precisa una infusión de trabajo, entusiasmo e ilusión es éste. En dosis masivas. Adelante.

Bibliografía

  1. Steven Levistsky y Daniel Zeblatt. This is how democracies die. The Guardian, Londres. 21 enero 2018. https://www.theguardian.com/us-news/commentisfree/2018/jan/21/this-is-how-democracies-die.
  2. Errando CL, Fernández-Mondéjar E, Piñeiro Corrales G. The "2013 Seville Document" on allogeneic blood transfusion alternatives: a consensus document and an example of mutidisciplinary medical cooperation. Med Intensiva. 2013 May;37(4):219-20. doi: 10.1016/j.medin.2013.03.005.

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