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Dr. ALBERTO ZUBIZARRETA, In memoriam.

Poco a poco nos van dejando los que nos han traído hasta aquí, a quienes debemos en cierta medida lo que somos. Es justo que les recordemos y agradezcamos su trabajo. Ha fallecido a los 86 años el Dr. Alberto Zubizarreta Ypiña, fundador del Servicio de Hematología y del Banco de Sangre del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander. Pocos lectores de este obituario no sabrán de quién hablamos, dado que Alberto o “el Zubi”, tenía aversión a dejarse ver en los eventos de la profesión.

Vizcaíno de Arratia, bilbaíno por naturaleza, estudió medicina en Valladolid y se formó como hematólogo en Zaragoza. Junto con Raichs, Rozman, etc. fue parte de la generación que habría de sacar la sanidad pública española del marasmo en que se hallaba tras la postguerra.

En 1969 llegó a Santander como Jefe de Servicio tras pasar una oposición con pruebas prácticas de laboratorio, como le gustaba recordar. Pronto se puso manos a la obra para formar un Servicio de Hematología puntero, que abarcara desde el diagnóstico al tratamiento al más alto nivel para los pacientes que llegaban a Valdecilla de toda España. Se rodeó de un equipo de profesionales jóvenes, preparados y ambiciosos, con un número sorprendentemente elevado de mujeres. En pocos años crearon un laboratorio de hematología integral y realizaron trasplantes de médula.

En el campo de la trasfusión hubo que empezar desde cero. La poca sangre disponible provenía de donantes dirigidos o de bancos de sangre privados con donantes pagados. Lo más que hizo el Ministerio fue crear las Hermandades de Donantes. Don Alberto dedicó infinitas horas, junto con su inseparable Javier Gandarillas, secretario de la Hermandad de Donantes, a recorrer la geografía de Cantabria, con las carreteras de entonces, para convencer a la gente para que donara sangre de forma altruista, e implicar en cada pueblo a un delegado local que ayudara a organizar la donación. Se fundó un Banco de Sangre que supliera las necesidades de sangre de Valdecilla. El entusiasmo y el tesón pronto dieron sus frutos: en cinco años pasaron de 170 a 5000 donaciones, se fraccionaba y se producían plaquetas, pronto se donaba mediante aféresis, se hacía aféresis terapéutica y se daba el soporte de Histocompatibilidad del programa de trasplante, incluido el órgano sólido. En los años 90 con la reforma legislativa, se disgregó el Banco de Sangre y Tejidos, con una importante actividad ya consolidada, que posteriormente llegaría a los máximos niveles de calidad y solvencia. Podemos decir sin equivocarnos, que gracias “al Zubi”, a Cantabria nunca le ha faltado sangre.

Sobre todo, el Dr. Zubizarreta ejercía el liderazgo, dejando hacer, apoyando a cualquier miembro de su equipo que quisiera innovar. Nunca acaparó protagonismo, dado que una de sus grandes virtudes era saber de quién se rodeaba y fiarse de su gente. Sólo exigía “no ser un malaleche”. Insistió siempre en la concordia entre todo el equipo, y eran memorables las comidas y cenas que organizaba en lugares variopintos. Entendía la importancia de que los médicos supieran idiomas, y les daba clases de inglés. Hombre profundamente religioso, tocaba el órgano en la Catedral de Santander, y dedicó muchas horas al voluntariado con los sintecho. Era, en el mejor sentido de la palabra, un hombre bueno.

Evidentemente, no todo salió como era de desear. El intento de fraccionar factor VIII fracasó por falta de apoyo económico y de coordinación sanitaria, con los equipos ya comprados. La crisis de los 80 congeló el desarrollo del banco de sangre. Llevó mal la separación del Banco de Sangre y Tejidos, dado que no le convencía que su Servicio se disociara. 

Muchos de los avances que en el campo de la Hematología gozan los pacientes de Cantabria y de otros lugares de España son sin duda frutos de la semilla plantada por el Dr. Zubizarreta mediante sus alumnos. Dice Calderón que los vizcaínos son “cortos en palabras, largos en hechos”. Sin duda, Don Alberto Zubizarreta era uno de esos. Hagámosle el mejor homenaje: continuar su obra. Descanse en paz.

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